Artemis II aterrizó. ¿Y los sistemas de salud qué tienen que ver con eso?

El 10 de abril de 2026, la cápsula Orion amerizó en el Pacífico frente a las costas de California. Los cuatro astronautas de Artemis II —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— completaron diez días en el espacio, sobrevolaron la Luna y regresaron. Era la primera vez en 54 años que seres humanos se aventuraban más allá de la órbita terrestre baja. El mundo lo celebró. Y con razón.

Pero desde la economía de la salud, el evento invita a una pregunta diferente, menos espectacular y bastante más incómoda: ¿qué tiene que ver una misión lunar con los sistemas de salud en la Tierra? Te cuento, es más de lo que parece.

Lo que la Luna le enseña a la medicina terrestre

Hay una contribución directa y bien documentada del programa espacial a la salud. No es retórica: es transferencia tecnológica.

Del programa Apollo derivaron avances concretos en telemedicina, monitoreo remoto de pacientes, materiales para implantes y purificadores de aire. Artemis opera en la misma lógica pero con exigencias superiores: mantener a cuatro personas vivas durante semanas en un entorno donde cualquier falla es letal obliga a desarrollar diagnóstico portátil de alta precisión, cirugía robótica a distancia, sistemas de soporte vital autónomos y farmacología en condiciones extremas. Cada una de esas tecnologías tiene aplicación directa en salud terrestre —atención primaria en zonas rurales, medicina de catástrofes, cuidados intensivos en contextos de baja complejidad.

El módulo de soporte vital europeo que acompañó la cápsula Orion, por ejemplo, debía gestionar oxígeno, agua, temperatura y eliminación de CO₂ para cuatro personas en un espacio equivalente al de una casa rodante. Los sistemas de monitoreo continuo que registraban variables fisiológicas de la tripulación las 24 horas son la versión extrema de los biosensores que ya hoy, se usan en telemedicina. La diferencia es que en el espacio el margen de error es cero.

También, hay un aspecto del programa Artemis que merece especial atención desde la salud poblacional: lo que le sucede al cuerpo humano en gravedad reducida es, en muchos aspectos, una versión acelerada de lo que le sucede al cuerpo que envejece.

La pérdida ósea que experimenta un astronauta en semanas reproduce en tiempo comprimido lo que le ocurre a una persona mayor sedentaria en años. Lo mismo aplica a la atrofia muscular, las alteraciones cardiovasculares y los fenómenos de inmunosupresión. Los protocolos de ejercicio, nutrición y farmacología desarrollados para proteger a los astronautas están produciendo conocimiento directamente aplicable a la geriatría, la rehabilitación y la medicina del envejecimiento.

En un contexto de transición demográfica acelerada —también en Argentina, donde el peso relativo de la población mayor de 65 años crece sostenidamente—, ese conocimiento no es un lujo científico: es insumo para el diseño de políticas de salud.

El costo de oportunidad: la pregunta que pocos se hacen

Los números son difíciles de dimensionar. La Oficina del Inspector General de la NASA estimó que el programa Artemis en su totalidad —cohete SLS, cápsula Orion, infraestructura terrestre y misiones I a V— costará unos 93.000 millones de dólares entre 2022 y 2026. Solo la misión Artemis II, esta que acaba de concluir, demandó entre 4.000 y 4.200 millones de dólares. El presupuesto total de la NASA para 2026 asciende a 24.400 millones de dólares, equivalente al 0,35% del gasto federal estadounidense.

La economía de la salud tiene una herramienta conceptual para situaciones como esta: el costo de oportunidad. Todo recurso asignado a un destino implica no asignarlo a otro. Los 93.000 millones de Artemis no salieron de un fondo específico para salud, pero en un mundo donde 2.000 millones de personas carecen de acceso a medicamentos esenciales y los sistemas de salud de países de ingreso medio financian sus presupuestos con deuda, la pregunta sobre prioridades es legítima y necesaria.

Para ponerlo en perspectiva sanitaria: Con 93.000 millones de dólares se podría financiar ese paquete básico para más de 300 millones de personas durante un año. No es un argumento en contra del programa espacial. Es una manera de recordar que las decisiones de asignación de recursos nunca son neutras. En otras palabras, no se trata de oponer ciencia espacial a salud pública como si fueran incompatibles. Se trata de reconocer que vivimos en un mundo de restricción presupuestaria, donde cada gran decisión de gasto tiene una contracara invisible: lo que no se hizo con ese dinero.

La misma lógica aplica, en escala diferente, a los sistemas de salud locales. Cuando un hospital decide invertir en un equipo de alta complejidad, está implícitamente decidiendo no invertir en reforzar su primer nivel de atención. Cuando una obra social incorpora una prestación de alto costo, está asignando recursos que no irán a cobertura preventiva. La tensión entre innovación y equidad no es exclusiva de la NASA: es el dilema central de cualquier sistema de salud.

Lo que viene: Artemis III y la base lunar permanente

El programa no termina con Artemis II. La NASA tiene prevista Artemis III para 2027 —primer alunizaje desde el Apollo 17— y una base lunar permanente para 2030, con reactores nucleares incluidos. Trump firmó una orden ejecutiva en ese sentido. China avanza en paralelo con sus propios planes lunares.

Para los sistemas de salud, el horizonte relevante es el de los próximos 15 a 20 años: si la presencia lunar sostenida se concreta, el desarrollo de sistemas de soporte vital autónomos, telemedicina de largo alcance y diagnóstico sin infraestructura fija podría revolucionar la gestión sanitaria en zonas aisladas, en contextos de emergencia y en entornos de baja complejidad. No es ciencia ficción: es la trayectoria lógica de las tecnologías que hoy se están desarrollando para mantener vivos a los astronautas.

Para cerrar: la Luna como espejo de las prioridades terrestres

Artemis II fue un logro extraordinario. Cuatro personas sobrevolaron la Luna, regresaron sanos y dejaron imágenes que pasarán a la historia. Nada de eso está en discusión.

Pero la economía de la salud tiene la obligación —y la herramienta— de leer ese logro en clave de sistemas. ¿Qué conocimiento produce para la salud terrestre? ¿Qué costo de oportunidad implica? ¿Qué transferencia tecnológica podemos esperar y en qué plazo? ¿Quién se beneficia y quién no?

El espacio nos enseña algo sobre la salud que ya sabíamos pero tendemos a olvidar: los cuerpos humanos son frágiles, los recursos son escasos, y las decisiones sobre cómo proteger unos con los otros nunca son puramente técnicas. Son siempre, también, políticas.

Publicado por Ariel Mario Goldman

Director General de Administración. Hospital Zubizarreta. CABA Profesor universitario (UBA/ISALUD/FAVALORO/UADE)

2 comentarios sobre “Artemis II aterrizó. ¿Y los sistemas de salud qué tienen que ver con eso?

  1. Hola Ariel!!
    Tu artículo solo me deja incógnitas, para seguir pensando. Cuando podremos aplicar algo de todo está tecnología en nuestros áreas de cobertura, 5 meses, 1 año, 5 años, para ese entonces mucha de nuestra población añosa que se podría beneficiar de esta tecnología quizás ya no estén.
    Valdrá la pena? para poner en la mesa y discutir algo que todavía nadie se pregunta. Desde mi lugar sigo pensando como vamos a hacer para llegar a tanta población ya que nuestra pirámide ya esta invertida respecto de la población que va en aumentando vs. taza de natalidad que sigue descendiendo hacia menos del 50%.
    Ariel un placer leerte como siempre.

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    1. Hola, gracias por tus comentarios. Respecto a que genera incógnitas es esperable y hasta deseable. Cuando no lo se, pero claramente hay constantes beneficios en salud del avance tecnológico en todos los demás campos. Sin embargo, esto no alcanza ni justifica nada. La guerra trajo beneficios tecnológicos a un costo demasiado elevado para la humanidad. Por eso el planteo del costo de oportunidad.
      Más allá de esto, que como marco teórico nos impulsa a pensar, la realidad es que por diversos motivos, la inversión se hizo y vale la pena poner en la mesa el tema salud. La investigación en salud debe ser prioritaria siempre y discutir es una forma de ser escuchados (claro que este es un muy, muy humilde aporte nada más). Y por supuesto, el tema de la tasa de natalidad vs. la longevidad son temas apasionantes, que ya he tratado y seguramente volverá a tratar.

      Desde ya, vuelvo a agradecer por los comentarios.

      Saludos

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