Hantavirus: 30 años de brotes, un crucero internacional y el mismo sistema mirando para otro lado

Hay enfermedades que viven en el silencio de los manuales de epidemiología hasta que un evento las devuelve al primer plano. El hantavirus es una de ellas. En mayo de 2026, el crucero MV Hondius — zarpado desde Ushuaia el 1 de abril con 147 pasajeros y tripulantes de 23 países — se convirtió en el escenario de un brote que puso al virus argentino en los titulares de medio mundo y renovó una pregunta que la comunidad científica lleva décadas debatiendo sin consenso definitivo: ¿el virus Andes se transmite de persona a persona?

La respuesta corta es: probablemente sí, en algunos contextos, pero la evidencia es más débil de lo que la cobertura mediática sugiere. Y entender por qué esa distinción importa es el objetivo de esta nota.

La temporada más letal en años

Antes del crucero, la situación epidemiológica argentina ya era preocupante. La temporada 2025-2026 registra la cifra más alta de casos en años recientes, con 101 casos confirmados y una tasa de letalidad del 31,7%, casi diez puntos porcentuales más que la temporada anterior. La comparación histórica es elocuente: 57 casos en 2024-2025, 75 en 2023-2024, 63 en 2022-2023. La temporada actual casi duplica el período previo equivalente1.

El mapa epidemiológico muestra una concentración en Buenos Aires en términos absolutos — 42 casos — pero la tasa de incidencia más alta corresponde al NOA, donde Salta registra 1,98 casos por 100.000 habitantes y concentra el 83% de los casos de esa región. Es decir, el virus ya no es exclusivamente patagónico: se está extendiendo geográficamente, y ese desplazamiento tiene causas concretas.

La distribución de los reservorios, junto con la creciente interacción humana con ambientes silvestres, la destrucción del hábitat, el establecimiento de pequeñas urbanizaciones en zonas rurales y los efectos del cambio climático contribuyen a la aparición de casos fuera de las zonas históricamente endémicas, según el propio Ministerio de Salud. Los incendios forestales desplazan fauna. Las urbanizaciones en interfase rural-silvestre acercan roedores a humanos. El turismo en zonas antes inaccesibles multiplica la exposición. No es un brote azaroso: tiene una lógica ambiental y socioeconómica que el sistema de salud debería estar leyendo con mayor sistematicidad.

“Hay cuestiones que tienen que ver con el cambio climático. En el caso de Argentina es muy claro, con los incendios (forestales) de la historia reciente, hace también que la fauna se movilice y busque otros lugares. También las poblaciones se van moviendo, empiezan a tener una exposición mucho mayor”

Dr. Roberto Debbag, vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología. CNN en español

El crucero y la pregunta que no cierra

El episodio del MV Hondius reactivó el debate sobre la transmisión interhumana del virus Andes (ANDV), la cepa que circula principalmente en Argentina y Chile. La OMS consideró que en este brote «parece haber ocurrido» transmisión entre humanos, y “la secuenciación genómica de uno de los pacientes internados en Sudáfrica permitió identificar que la variante corresponde a la cepa Andes”2.

Pero «parece haber ocurrido» no es lo mismo que «está probado». Y aquí es donde la literatura científica introduce matices que el debate público tiende a ignorar.

Una revisión sistemática publicada en el Journal of Infectious Diseases3 en 2022 — la más completa disponible hasta la fecha — analizó 22 estudios sobre transmisión interhumana de hantavirus. Su conclusión es precisa: la evidencia proveniente de estudios comparativos, que representan el nivel de evidencia más sólido disponible, no respalda la transmisión interhumana del hantavirus. La excepción es un estudio de cohorte prospectivo realizado en Chile con riesgo de sesgo serio y sin grupo de comparación no expuesto. Los estudios no comparativos — que son los que suelen citarse en los medios — sugieren que la transmisión podría ser posible, pero no pueden establecer causalidad porque carecen de grupo control y no pueden descartar la co-exposición a roedores como fuente alternativa de contagio.

En términos concretos: de 476 contactos domiciliarios de casos confirmados en Chile, solo 16 desarrollaron la enfermedad — apenas el 3,4% — y de esos, solo 3 fueron catalogados como transmisión interhumana definitiva. Los 460 restantes permanecieron seronegativos a pesar del contacto estrecho. Eso no es el perfil de un virus con transmisión interhumana eficiente.

Lo que sí parece documentado es que ciertos tipos de contacto muy íntimo — convivencia prolongada, contacto con fluidos corporales — pueden facilitar la transmisión en circunstancias específicas. El virus Andes sería el único en toda la familia Hantaviridae con esta característica, y solo en Argentina y Chile. Eso lo convierte en un caso científicamente singular, pero no en un agente de transmisión comparable a un virus respiratorio convencional.

Lo que el sistema debería aprender

El brote del crucero expone al menos tres déficits que exceden la biología del virus.

El primero es el de la vigilancia ambiental. Equipos técnicos sanitarios de Argentina viajarán a Ushuaia para realizar capturas y análisis de roedores en áreas vinculadas al recorrido de los casos, buscando detectar la posible presencia del virus en reservorios naturales. Que esa investigación ocurra de manera reactiva — después del brote — y no como monitoreo sistemático continuo en zonas de alta circulación turística, dice algo sobre la lógica del sistema: responde antes que previene.

El segundo déficit es el de la comunicación de riesgo. La cobertura mediática del crucero generó confusión entre la transmisión zoonótica clásica — roedor a humano, que es la norma — y la transmisión interhumana, que es la excepción documentada en condiciones muy específicas. Esa confusión tiene consecuencias: estigmatiza regiones, desinforma al viajero y puede generar tanto pánico innecesario como falsa tranquilidad dependiendo de cómo se lea el mensaje.

El tercer déficit es el de la investigación. La revisión sistemática de Toledo et al. es categórica al respecto: para responder definitivamente si el ANDV se transmite entre personas, Argentina y Chile necesitan estudios de cohorte y caso-control bien diseñados, con grupo de control, análisis multivariado y caracterización ambiental rigurosa del posible co-contacto con roedores. Esos estudios no existen todavía. Y mientras no existan, la pregunta permanecerá abierta — con todo lo que eso implica para las recomendaciones de control de infecciones

*Al momento de la publicación son 10 los infectados

Una enfermedad que no es nueva pero que el sistema trata como si lo fuera

El hantavirus circula en Argentina desde al menos 1993. El brote de Epuyén en 2018 — con decenas de infectados y 11 muertos — debería haber sido el punto de inflexión que instaló el tema en la agenda permanente de salud pública. No lo fue.

Las infecciones representan una zoonosis emergente debido a factores ambientales que causan movimientos de los reservorios de roedores, factores habitacionales como la expansión de viviendas en zonas donde habitan los roedores, y factores turísticos como la mayor circulación de visitantes en lugares silvestres. Todos esos factores eran conocidos antes del crucero. Todos seguirán presentes después.

La pregunta que el sistema debería hacerse no es solo cómo contener este brote. Es por qué, con décadas de historia epidemiológica documentada, Argentina, a pesar de tener capacidad técnica y conocimiento científico, no tiene un sistema de vigilancia ambiental continuo, financiado establemente y articulado nacionalmente. Hoy el sistema responde reactivamente, no preventivamente. Tampoco hay protocolos de comunicación de riesgo estandarizados para zonas turísticas de alta exposición ni los estudios científicos que permitirían responder definitivamente si el virus Andes se transmite entre personas.

El MV Hondius llegará a puerto. El hantavirus seguirá circulando.

  1. Infobae. Hantavirus en Argentina: 101 casos confirmados y 32 fallecidos en la temporada 2025-2026. Mayo 2026. ↩︎
  2. Argentina.gob.ar. Salud sostiene y refuerza la vigilancia epidemiológica de hantavirus en el país. Mayo 2026. ↩︎
  3. Toledo J, Haby MM, Reveiz L, Sosa Leon L, Angerami R, Aldighieri S. Evidence for Human-to-Human Transmission of Hantavirus: A Systematic Review. J Infect Dis. 2022 Oct 17;226(8):1362-1371. doi: 10.1093/infdis/jiab461. PMID: 34515290; PMCID: PMC9574657. ↩︎

Publicado por Ariel Mario Goldman

Director General de Administración. Hospital Zubizarreta. CABA Profesor universitario (UBA/ISALUD/FAVALORO/UADE)

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