Un jugador llora en una conferencia de prensa. Otro se retira a los 28 años sin dar explicaciones. Otro habla de depresión, de noches sin dormir, de odiar lo que más amaba pero lo hace años después, cuando ya no tiene nada que perder. El fútbol de élite habla de todo: lesiones de rodilla, tácticas defensivas, valores de transferencia. Pero durante décadas guardó un silencio casi institucional sobre lo que pasa adentro de la cabeza de sus protagonistas.
Ese silencio tiene un precio. Y la evidencia científica acumulada en los últimos años muestra que es más alto de lo que el vestuario estaba dispuesto a admitir.
Los números que el fútbol no publica
Según una revisión bibliográfica publicada en 2024 por la revista Sanum1, el 50% de los deportistas de élite presentan problemas de salud mental, destacando trastornos como la depresión y la ansiedad. No es un dato marginal. Es uno de cada dos.
Un estudio publicado en el British Journal of Sports2 Medicine que analizó a más de 3.000 atletas de élite en activo encontró que la prevalencia de síntomas y trastornos de salud mental oscilaba entre el 19% para el abuso de alcohol y el 34% para la ansiedad y la depresión. El mismo estudio siguió a más de 1.500 deportistas retirados y encontró que los números no mejoran después de colgar los botines.
Entre los futbolistas específicamente3, más del 50% describieron su calidad de vida como «pobre», y de estos, un 21,7% padece depresión. Son datos que ningún club publica en su memoria anual ni ningún entrenador menciona en la conferencia de prensa del viernes.
El fútbol invierte millones en escanear ligamentos y monitorear frecuencias cardíacas. La mente, hasta hace muy poco, quedaba fuera del protocolo.
La lesión que nadie rehabilita
Una rotura de ligamento cruzado tiene un protocolo claro: cirugía, rehabilitación, retorno progresivo, alta médica. Lo que no tiene protocolo es lo que ocurre en la cabeza del jugador durante los ocho meses que ese proceso dura.
El impacto emocional de una lesión grave puede llevar a los atletas a perder la conexión con su propio cuerpo y a experimentar una crisis de identidad, lo que complica aún más el proceso de vuelta al deporte. Un futbolista no es solo alguien que juega al fútbol. Es alguien cuya identidad, desde los seis o siete años, está construida alrededor de esa actividad. Cuando la lesión la interrumpe, no se rompe solo el músculo. Se rompe el relato de quién es esa persona.
Un gran numero de atletas lesionados sufren síntomas de depresión durante el proceso de recuperación. Los deportistas que han sufrido más de dos lesiones presentan mayor ansiedad situacional, y aquellos con lesiones más graves experimentan mayor nivel de depresión.
El miedo a no volver a rendir como antes o a no ser tenidos en cuenta por entrenadores y equipos es una preocupación recurrente que afecta a deportistas de diferentes disciplinas. Ese miedo no aparece en ningún informe de resonancia magnética. Y sin embargo es, en muchos casos, el principal obstáculo para una recuperación real.
El caso más doloroso4 de la historia del fútbol argentino ilustra hasta dónde puede llegar esa brecha. Mirko Saric era una de las grandes promesas de San Lorenzo, comparado con Fernando Redondo. En diciembre de 1999 sufrió una rotura de ligamentos que lo dejó fuera de las canchas. Atravesando esa lesión, además, una crisis personal profunda. Veinte días antes había advertido que podía quitarse la vida, y había comenzado un tratamiento. El 4 de abril de 2000, a los 21 años, se suicidó. Su caso instaló en Argentina, de la manera más trágica posible, el debate sobre el rol de la psicología deportiva — un campo que dos décadas y media después sigue siendo, en demasiados clubes, una excepción y no una política.
La cultura del silencio
Un club de fútbol prefiere antes a un jugador con lesión de rodilla que a uno con problemas de salud mental. La frase no es de un sociólogo crítico del deporte. Es de un especialista en psicología deportiva describiendo la cultura dominante en los vestuarios europeos.
«Yo diría que para un club es más atractivo un jugador con una lesión de rodilla que con una condición de salud mental. Sí, hablar de salud mental vende en muchos casos, pero, en mi opinión, pienso que se piensa en los jugadores que hablan de ello como menos atractivos en cuestión de marketing»
«¡Qué paradoja! Para mí, hay mucha fortaleza en reconocerlo»
El motivo es comprensible aunque no justificable. Una lesión física tiene un diagnóstico, un tratamiento y una fecha de alta. La depresión, la ansiedad o el burnout no tienen ese calendario. Y en un sistema donde el rendimiento se mide semana a semana, la incertidumbre clínica se convierte en riesgo contractual.
El 73% de los atletas de élite de Países Bajos y el 41% de sus entrenadores han experimentado angustia relacionada con el deporte, según un estudio publicado en BMJ Open Sport and Exercise Medicine5. Y sin embargo, muchos tienen un miedo terrible a fallar, a no llegar a lo que se espera de ellos — y esa presión rara vez se trata con la misma seriedad que una tendinitis.
El 59% de los jóvenes deportistas de élite ya muestran indicadores de riesgo desde las categorías formativas. La cultura del silencio no empieza en el primer equipo. Empieza en la academia, donde la selección es brutal y donde aprender a no mostrar debilidad es parte del entrenamiento no oficial.
Los que hablaron
Algunos jugadores rompieron ese silencio, y pagaron un precio social antes de ser reconocidos por haberlo hecho.
Andrés Iniesta, autor del gol que le dio a España su único Mundial, habló públicamente de la depresión severa que atravesó en 2009. Su testimonio, junto al de Michael Phelps — el nadador con más medallas olímpicas de la historia, quien reveló haber pensado en quitarse la vida durante una larga depresión — visibilizó una problemática que afecta a muchos más deportistas de los que se reconoce oficialmente.
Simone Biles se retiró de varias finales olímpicas en Tokio 2021 para proteger su salud mental. La decisión fue interpretada por una parte de la opinión pública como una muestra de debilidad. Fue, en realidad, exactamente lo contrario: la primera vez que una atleta de élite en plena competencia decidió que su mente valía más que una medalla.
El futbolista Mathías Vidangossy, integrante de la generación dorada chilena del Mundial Sub-20 de 2007, reconoció haber atravesado una década marcada por la depresión. Su historia no es excepcional. Es representativa de lo que ocurre en silencio en vestuarios de todo el mundo.
«Cuando uno no sabe controlar sus emociones y tiene que salir a la cancha es destructivo»
El ejemplo más reciente y más visto por el mundo entero ocurrió en este mismo Mundial. El 16 de junio de 2026, Lionel Messi rompió en llanto apenas convirtió su primer gol ante Argelia en el debut argentino — un gesto que millones interpretaron, en un primer momento, como una lesión. No lo era. Trascendió luego que la emoción estaba ligada a la delicada situación de salud de su padre. El jugador más observado del planeta, en la noche de su actuación más histórica, no pudo — ni quiso — separar lo que pasaba en su vida privada de lo que pasaba en la cancha. Y esa imagen, mucho más que cualquier estadística, deja una enseñanza simple: ni el mejor futbolista de la historia está exento de que la vida personal le pese en el momento de mayor exposición pública.

El retiro: el momento más vulnerable
El retiro deportivo involuntario se asocia principalmente con depresión, ansiedad, crisis de identidad y dificultades de adaptación social. Un futbolista que se retira a los 35 años lleva más de dos décadas definiendo quién es a través del fútbol. De un día para el otro, esa estructura desaparece. El cuerpo ya no es un instrumento de rendimiento. El equipo ya no existe. La rutina que organizaba cada hora del día se evapora.
La planificación anticipada del retiro, el apoyo psicológico y los programas de desentrenamiento actúan como factores protectores — pero son exactamente los recursos que la mayoría de los clubes no proveen de manera sistemática una vez que el contrato termina.
Lo que el sistema público podría aprender
Esta serie arrancó con lo que el Mundial le hace al hincha. Continuó con lo que el sistema de salud del país le hace al jugador antes de llegar a la cancha. El artículo anterior mostró lo que la medicina deportiva de élite le da al jugador que el sistema público no puede ofrecer. Ahora el círculo cierra con una paradoja: ni siquiera el fútbol de élite, con todos sus recursos, resolvió la salud mental de sus protagonistas. El problema no es solo de presupuesto. Es de cultura institucional, de estigma, de un modelo que valora el cuerpo como instrumento de rendimiento y tarda en reconocer que ese instrumento tiene una mente adentro.
Si el sistema de salud público quiere aprender algo del fútbol de élite en materia de salud mental, la lección más importante no está en lo que el fútbol hace bien. Está en lo que el fútbol todavía no aprendió a hacer — y en el costo humano de esa demora.
El jugador que llora en la cancha no es débil. Es humano. Y esa humanidad es exactamente lo que el sistema de salud — deportivo y público — todavía no aprendió a tratar con la misma seriedad con que trata un desgarro de isquiotibial.
- Hermoso García, M., Ordóñez Marchena, A., Núñez Díaz, M. MENTAL HEALTH AND ELITE ATHLETES: LITERATURE REVIEW. Vol. 8 Núm. 2. Febrero 2024 – Abril 2024.
ISSN: 2530-5468 ↩︎ - Gouttebarge V, Castaldelli-Maia JM, Gorczynski P, et al Occurrence of mental health symptoms and disorders in current and former elite athletes: a systematic review and meta-analysis British Journal of Sports Medicine 2019;53:700-706. ↩︎
- Maguiña-Figueroa S, Silva Barboza C, Ñaña-Cordova AM, Torres-Zegarra BC, Chapoñan Agip HV, Runzer-Colmenares FM. Relación entre síntomas depresivos y deterioro de la calidad de vida en futbolistas de la Primera División del Perú. Rev Neuropsiquiatr [Internet]. 2024; 87(2): 118-130. DOI: 10.20453/ rnp.v87i2.4965 ↩︎
- Para comprender mejor el tema recomiendo leer: Herbella, J. M. (2021). No me corten el pie: Historias médicas de superación y dolor de futbolistas. Planeta. ↩︎
- Vincent Gouttebarge, Gino Kerkhoffs.Mental health issues are a common phenomenon in elite sport. Amsterdam Movement Sciences 2024 ↩︎
Si vos o alguien que conocés está atravesando una crisis de salud mental, en Argentina podés comunicarte a la línea 135 (CABA, las 24 horas) o al 0800-345-1435.
