Circula en redes videos con una lista que parece un argumento. Dice: 1920, estreno de la radio — gripe española. 1979, estreno del 1G — gripe porcina. 1991, estreno del 2G — brote de cólera. 1998, estreno del 3G — gripe aviar. 2009, estreno del 4G — gripe porcina. 2026, estreno del 6G — hantavirus.
La lista tiene formato de tabla. Tiene fechas. Tiene una estructura que el cerebro reconoce como evidencia. El problema es que prácticamente todas las fechas están mal y que la conclusión sería inválida incluso si estuvieran bien.
La gripe española comenzó en 1918, no en 1920. El primer brote de gripe porcina documentado fue en 1976, tres años antes del 1G. El primer brote de cólera registrado data de 1817 — un siglo y medio antes de cualquier telefonía móvil. El primer caso humano documentado de gripe aviar fue en 1997, no en 1998. Y el hantavirus infectó a soldados estadounidenses en la guerra de Corea en 1950, cuando la comunicación inalámbrica más sofisticada disponible era el telégrafo.
Pero hay algo más importante que corregir las fechas. Hay que entender por qué ese video funciona. Y por qué lo que parece un error inocente tiene un precio que el sistema de salud termina pagando.
El truco estadístico más antiguo del mundo
Lo que el video hace tiene nombre técnico: correlación espuria. Dos variables que evolucionan en paralelo a lo largo del tiempo sin ninguna relación causal entre ellas. El estadístico Tyler Vigen construyó toda una biblioteca de correlaciones espurias para ilustrar el problema: el consumo de queso por persona en Estados Unidos correlaciona casi perfectamente con la cantidad de personas que murieron enredadas en sus sábanas. Los divorcios en Maine correlacionan con el consumo de margarina. La cantidad de películas de Nicolas Cage estrenadas por año correlaciona con las muertes por ahogamiento en piscinas. Ninguna de esas correlaciones tiene sentido causal. Pero el cerebro las lee como patrones.
Esto no es estupidez. Es biología. El ser humano evolucionó detectando patrones porque detectar patrones es adaptativo. Un ancestro que asociaba el sonido de ramas rotas con la presencia de un depredador sobrevivía más que uno que no lo hacía. Ese mismo mecanismo cognitivo, transplantado al ecosistema de las redes sociales, nos hace ver conexiones donde no las hay.
Y entonces ¿antes de la radio no había pandemias? ¿Qué causó la viruela, que mató entre 300 y 500 millones de personas en el siglo XX? ¿Qué provocó la polio que paralizó a millones de niños antes de que existiera cualquier red de telecomunicaciones? La historia registra pandemias devastadoras desde la antigüedad: la peste de Justiniano en los siglos VI y VII, la peste negra del siglo XIV, el cólera con siete pandemias documentadas desde 1817, la gripe española de 1918 con entre 40 y 50 millones de muertos. Todo eso ocurrió sin una sola antena de telefonía móvil.
Lo que la desinformación le cuesta al sistema de salud
Hasta aquí el análisis es epidemiológico e histórico. Pero hay una dimensión que raramente se aborda con datos: el impacto económico concreto de creer en correlaciones falsas.
El mecanismo es directo. Cuando una narrativa conspirativa convence a una parte de la población de que las tecnologías de comunicación causan enfermedades, o de que las vacunas son parte del problema en lugar de la solución, las conductas sanitarias cambian. Y esos cambios tienen un precio medible.
Una investigación reciente estima que la hesitación vacunal relacionada con la desinformación sobre el COVID-19 generó costos adicionales de salud por 2.000 millones de dólares solo en Estados Unidos. Entre noviembre y diciembre de 2021, más de 692.000 hospitalizaciones evitables ocurrieron en personas no vacunadas en ese país, con un costo para la economía superior a los 13.800 millones de dólares.1
El fenómeno no es ajeno a América Latina. Según las últimas estimaciones de la OMS y UNICEF, en 2024 más de 1,4 millones de niños en la región de las Américas no recibieron vacunas de rutina2. En noviembre 2025, se confirmaron más de 10.000 casos de sarampión y 18 muertes relacionadas en la región — brotes directamente vinculados a las brechas de cobertura generadas por la desconfianza3.
En el primer trimestre de 2026, América Latina registró más de 15.300 casos de sarampión confirmados, superando los datos de todo 2025, con brotes en 13 países. La OPS y la OMS identificaron a la desinformación impulsada desde redes sociales como uno de los factores centrales en la caída de coberturas4.
El sarampión es un caso paradigmático porque es una enfermedad eliminable con dos dosis de vacuna. Cuando reaparece, no lo hace porque el virus mutó ni porque la ciencia falló: lo hace porque la cobertura cayó. Y la cobertura cae, entre otras razones, porque videos con fechas incorrectas convencen a personas reales de que las enfermedades infecciosas son consecuencia de las tecnologías que usan cada día.
Hay otro nivel de costo que es más difícil de cuantificar, pero igualmente real: el costo de oportunidad del sistema de salud pública cuando debe destinar recursos a desmentir bulos en lugar de comunicar información útil. El Foro Económico Mundial estima que la desinformación le cuesta a la economía global alrededor de 78.000 millones de dólares anuales, e identificó a la desinformación sanitaria como uno de los principales riesgos globales para 20255. Cada campaña de fact-checking, cada comunicado de crisis, cada recurso institucional destinado a contrarrestar narrativas falsas es un recurso que no va a prevención, a diagnóstico ni a tratamiento.

¿Cada día hay más pandemias?
Sí…y no. Hay más brotes detectados y comunicados, lo que no es lo mismo que más brotes en términos absolutos. Dos factores lo explican con claridad.
El primero es la vigilancia epidemiológica. Hoy, un cluster de casos inusuales en cualquier parte del mundo llega a los titulares en horas. Antes de los sistemas modernos de notificación, las pandemias avanzaban en silencio durante semanas o meses antes de ser reconocidas como tales.
El segundo es la densidad y movilidad poblacional. Un virus que en el siglo XVIII tardaba meses en cruzar un continente hoy puede estar en tres continentes en 72 horas. No porque los virus sean más agresivos: porque los humanos nos movemos más y más rápido.
Y aquí está el punto más importante, que “los conspiranoicos” intentan imponer, pero no lo pueden sostener como causa y menos con evidencia (porque no hay). Las vacunas son el efecto, no la causa.
Se insinúa que detrás de cada nueva pandemia hay alguien que quiere venderle vacunas al mundo. La lógica es seductora y completamente invertida. Las vacunas no aparecen porque alguien detectó una oportunidad de negocio en una pandemia fabricada. Aparecen porque la ciencia identifica una amenaza real y desarrolla una respuesta. Son el efecto de que los virus existen — no la causa de que aparezcan. Confundir ese orden no es solo un error estadístico. Es una inversión de la causalidad que, cuando se traduce en conductas concretas, tiene víctimas reales y costos medibles.
En los últimos 50 años, las vacunas han salvado a razón de seis vidas cada minuto. Son probablemente la intervención de salud pública más costo-efectiva disponible. Gracias a los programas globales de vacunación, más de 18 millones de personas que habrían quedado paralizadas por la polio pueden caminar hoy, más de 90 millones de niños que habrían muerto por sarampión están vivos, y más de un millón de muertes por cáncer cervical han sido evitadas6.
Un estudio publicado en 2024 calculó que las vacunas contra el sarampión, la tos convulsa y otras enfermedades ahorraron a la sociedad estadounidense 2,7 billones de dólares en treinta años, previniendo 508 millones de enfermedades y más de un millón de muertes7.
La próxima vez que un video presente una tabla con fechas y flechas que apuntan en la misma dirección, la pregunta correcta no es ¿será verdad?. Es: ¿Qué habría pasado antes de que existiera lo que el video señala como causa? Si la respuesta es exactamente lo mismo, la correlación no explica nada. Y las fechas, conviene verificarlas igual.
Bibliografia recomendada
- Vigen, T. Spurious Correlations. Hachette Books, 2015. spuriouscorrelations.com
- ESWI. The real cost of health misinformation. Octubre 2025. eswi.org
- Lo que debes saber sobre las vacunas Lo que debes saber sobre las vacunas. Repuestas para tus dudas. | UNICEF
- Sánchez, R.M. et al. Principales pandemias en la historia de la humanidad. Revista Cubana de MGI, 2020. scielo.sld.cu
Referencia
- PMC/NIH. The Cost of Ignoring Vaccines. 2022. ↩︎
- La OPS hace un llamado a la acción regional tras la pérdida del estatus de eliminación del sarampión en las Américas ↩︎
- La vacunación infantil muestra avances en las Américas, pero más de 1,4 millones de niños no recibieron vacunas de rutina en 2024 ↩︎
- La OPS advierte del aumento de casos de sarampión en las Américas ↩︎
- ¿Cuál es el verdadero costo de la desinformación para las empresas? ↩︎
- Los esfuerzos mundiales en inmunización han salvado al menos 154 millones de vidas en los últimos 50 años ↩︎
- Childhood vaccines have prevented a half billion illnesses, saved the US $2.7 trillion in 3 decades, study estimates ↩︎
