Una serie de datos publicados recientemente permite reconstruir la evolución de la estatura promedio de mujeres adultas en veinte países de América Latina, en distintos momentos del siglo XX y principios del XXI. La información proviene de la NCD Risk Factor Collaboration (NCD-RisC)1, la red científica internacional que reanaliza datos de más de 1.400 estudios de base poblacional en 200 países, en colaboración con la OMS. El dato central es tan simple como profundo: en aproximadamente cien años, las mujeres latinoamericanas ganaron alrededor de diez centímetros de estatura.
Este artículo propone ir más allá de la curiosidad estadística. Porque cuando la economía de la salud mira la estatura de una población, no está mirando simplemente una medida física. Está leyendo, en el cuerpo de las personas, la historia de sus condiciones de vida.
Los números: un siglo de crecimiento
Esta tabla muestra cinco cortes temporales representativos. En 1923, Argentina encabezaba el ranking regional con una estatura promedio de 151,83 cm. Uruguay y Cuba la seguían de cerca. Brasil aparecía en el séptimo lugar. En 2025, los primeros puestos los ocupan Puerto Rico (163,59 cm), Brasil (163,21 cm) y Uruguay (162,14 cm), mientras que Argentina se ubica en el quinto lugar con 161,83 cm.
| Año | País líder | Estatura promedio (cm) | Argentina (referencia) |
| 1923 | Argentina | 151,83 | 151,83 |
| 1930 | Argentina | 152,91 | 152,91 |
| 1973 | Uruguay | 159,18 | 158,57 |
| 2013 | Puerto Rico | 162,51 | 160,55 |
| 2025 | Puerto Rico | 163,59 | 161,83 |
Tabla 1. Evolución de la estatura promedio de mujeres adultas en América Latina. Fuente: NCD Risk Factor Collaboration / Our World in Data.
El incremento total en el caso argentino es de aproximadamente 10 cm en un siglo. Para Brasil, el salto es aún mayor: desde posiciones intermedias en el ranking de 1923 hasta el segundo puesto en 2025, con una ganancia que supera los 12 cm en ese período. Un estudio publicado en 2007 en la revista Economics and Human Biology2, basado en 9 millones de registros de cédulas de identidad colombianas, documentó que hombres y mujeres colombianos nacidos en 1985 eran 8,9 cm más altos que los nacidos entre 1905 y 1909, una mejora comparable.
No todos los países tuvieron la misma trayectoria. Guatemala, que aparece consistentemente en el último lugar del ranking con 151,67 cm en 2025, es el caso más estudiado como contraejemplo. Investigadores de la Universidad de Glasgow que publicaron en 2022 en la revista PLOS ONE3 documentaron que las guatemaltecas aumentaron su estatura apenas 0,21 cm por década entre 1945 y 1995: un centímetro en cincuenta años, frente a los 0,9 cm por década que experimentaron países como Brasil, México y Colombia. La diferencia la explican décadas de inestabilidad política, guerra civil y persistencia de la desnutrición crónica.
El hallazgo más impactante del estudio mencionado de NCD Risk Factor Collaboration, con datos de 18,6 millones de personas en 200 países, fue que la mayor ganancia registrada en el siglo XX correspondió a las mujeres surcoreanas con aumentos de más de 16 cm. En contraste, varias poblaciones del África subsahariana y del sur de Asia mostraron escasos cambios. La divergencia coincide exactamente con las trayectorias de desarrollo económico y social de esas regiones.
Como señaló el estudio: «la diferencia entre la población más alta y la más baja era de 19-20 cm hace un siglo, y se ha mantenido igual o ha aumentado». La altura crece en todos lados, pero la brecha persiste.
¿Por qué crecieron las mujeres latinoamericanas? Las causas detrás del número
La economía de la salud ofrece un marco analítico claro para responder esta pregunta. La estatura adulta es el resultado acumulado de las condiciones de vida durante los primeros años de vida, especialmente en la ventana crítica que va desde la concepción hasta los dos años de edad (los llamados «primeros 1.000 días»). En ese período, el cuerpo establece una trayectoria de crecimiento que es difícil modificar luego. Lo que ocurre antes de los dos años queda inscripto en el esqueleto.
1. Nutrición: el factor central
El acceso a proteínas de origen animal, calcio, zinc, hierro y vitamina D en la infancia temprana es el predictor más potente de la talla adulta. A comienzos del siglo XX, las dietas populares latinoamericanas eran predominantemente de base vegetal y altamente deficitarias en micronutrientes. La urbanización, la expansión de redes de frío, el desarrollo agroindustrial y, más recientemente, las políticas de transferencias condicionadas de ingresos transformaron el acceso alimentario para millones de familias.
En el caso de Brasil, el Programa Bolsa Família, creado en 2003, fue objeto de múltiples evaluaciones. Un estudio del Ministerio de Desarrollo Social4 publicado en 2025, basado en 285.000 niños beneficiarios seguidos entre 2019 y 2023, encontró que los casos de «estatura muy baja para la edad» se redujeron del 9,32% al 5,32% en ese período, y que el 77,51% de los niños con baja estatura alcanzaron la altura adecuada. Las familias beneficiarias también mostraron mayor gasto alimentario y mayor disponibilidad calórica.
2. Reducción de enfermedades infecciosas en la infancia
Cada episodio de diarrea, parasitosis o infección grave durante los primeros años de vida compromete el crecimiento. El organismo destina recursos energéticos a la respuesta inmune en lugar de al desarrollo físico. La transición epidemiológica que vivió América Latina durante el siglo XX, con la caída sostenida de las enfermedades infecciosas y la mortalidad infantil, liberó ese potencial.
Un estudio publicado en 2016 en la revista Economics & Human Biology5, sobre datos de Chile entre 1960 y 1989, cuantificó que la reducción de la tasa de mortalidad infantil de 119,4 a 21,0 por mil nacidos vivos explicaba casi toda la tendencia secular en el aumento de talla, con una ganancia de 0,96 cm por década. El ingreso per cápita, en cambio, tenía un efecto explicativo marginal una vez controlada la mortalidad infantil.
3. Salud materna y atención prenatal
La talla no empieza a medirse al nacer: empieza a construirse en el útero. Una madre bien nutrida, con control prenatal adecuado y acceso a hierro y ácido fólico tiene más probabilidades de gestar un bebé con buen peso y longitud al nacer. La expansión de los sistemas de salud pública, los programas de atención prenatal y la reducción de la mortalidad materna en América Latina durante el siglo XX contribuyeron de forma directa a mejorar el punto de partida de cada generación.
4. El efecto intergeneracional
La ganancia en estatura no es solo individual: es acumulativa entre generaciones. Una madre más alta y mejor nutrida transmite ventajas biológicas a su descendencia. Este mecanismo, que combina condicionantes epigenéticos y nutricionales, explica por qué el crecimiento en estatura promedio no ocurre de forma abrupta sino gradual, década tras década. También explica por qué los efectos de las políticas de bienestar infantil no se manifiestan en los adultos de hoy sino en los de mañana.
El marco teórico: Grossman y la salud como capital humano
El modelo de Michael Grossman6 ofrece la base conceptual más sólida para interpretar estas tendencias. En su formulación seminal, Grossman trató la salud como una forma de capital humano durable: los individuos son simultáneamente consumidores y productores de su propio estado de salud, combinando tiempo e insumos (alimentación, atención médica, educación) para generar «tiempo saludable», que a su vez se traduce en productividad y bienestar.
Una revisión extensa de la literatura citada en el propio Grossman concluyó que «los años de escolaridad formal completados son el correlato más importante del buen estado de salud», por encima incluso del ingreso. La educación mejora la eficiencia con que los hogares producen salud: permite mejores decisiones alimentarias, mayor adhesión a controles preventivos, y mejor comprensión del desarrollo infantil. En este sentido, el aumento en la estatura promedio de las mujeres latinoamericanas es, también, un testimonio del proceso de feminización de la educación que vivió la región a lo largo del siglo XX.
«La evolución del crecimiento de un país debería ser adoptada como un indicador de desarrollo, junto con otras pautas de evolución infantil alcanzadas antes de los cinco años».
Michael Grossman – The Demand for Health: A Theoretical and Empirical Investigation.
La talla promedio puede pensarse entonces como un indicador sintético del stock de capital humano acumulado por una sociedad: incorpora nutrición, acceso a salud, reducción de carga infecciosa, condiciones habitacionales, nivel educativo materno y estabilidad económica. No es una medida de riqueza, sino de bienestar efectivo.
El caso de Puerto Rico: cuando el sistema de salud hace diferencia
El caso de Puerto Rico merece atención especial, porque no era el país más alto de la región en 1923, aparecía en el séptimo puesto, con 150,56 cm, y en 2025 lidera el ranking con 163,59 cm: una ganancia de más de 13 cm, la mayor de la región. No se trata de una diferencia genética. Se trata de una diferencia institucional.
Puerto Rico accede, en tanto territorio no incorporado de Estados Unidos, al sistema federal de asistencia nutricional. El Nutrition Assistance Program (NAP)7, equivalente insular del programa SNAP, comenzó a operar en 1974 y llegó a cubrir al 56% de la población puertorriqueña en sus primeros años. En 2021, el gobierno federal destinó más de 2.000 millones de dólares al programa. Adicionalmente, Puerto Rico integra el sistema de salud federal con acceso a Medicaid y programas de atención materno-infantil que no tienen equivalente en el resto de América Latina.
El ascenso de Puerto Rico en el ranking de estatura es, en este sentido, un experimento natural sobre el impacto de las transferencias de ingresos y la cobertura sanitaria universal en el desarrollo físico de las poblaciones. No es el único factor explicativo, pero su correlación es difícil de ignorar.
El riesgo de lectura lineal: lo que el dato no dice
El entusiasmo por este tipo de estudios puede llevar a lecturas simplistas que conviene matizar. La estatura promedio no es un indicador de salud perfectamente lineal: la misma NCD-RisC advirtió que las poblaciones más altas tienen menor riesgo cardiovascular pero mayor incidencia de ciertos tipos de cáncer. La correlación entre altura y longevidad existe pero tiene límites.
Tampoco la ganancia en estatura implica equidad. Argentina ganó cerca de 10 cm en promedio, pero las desigualdades regionales en nutrición infantil entre el NOA, el NEA y la Ciudad de Buenos Aires son documentadamente persistentes. Una media nacional puede ocultar distribuciones muy heterogéneas. El mismo dato promedio puede coexistir con bolsones de desnutrición crónica en poblaciones vulnerables.
Finalmente, la tendencia secular en estatura está desacelerándose o llegando a una meseta en varias regiones del mundo, incluyendo partes de Europa del norte, donde las ganancias se redujeron a 3 mm por década. Esto sugiere que existe un límite biológico al crecimiento que las mejoras ambientales pueden alcanzar, y que las diferencias residuales entre poblaciones tendrán cada vez más componentes genéticos relativos.
Conclusión: el cuerpo como archivo histórico
Cuando miramos que las mujeres latinoamericanas miden hoy, en promedio, diez centímetros más que sus bisabuelas, no estamos ante una curiosidad antropométrica. Estamos ante el registro corporal de un siglo de transformaciones: el descenso de la mortalidad infantil, la expansión de los sistemas de salud pública, el acceso creciente a la educación femenina, las políticas de transferencias de ingresos, la urbanización y la mejora en el saneamiento básico.
La economía de la salud nos enseña que la salud no se produce solo en los hospitales: se produce en los hogares, en las escuelas, en los mercados de alimentos, en las condiciones de trabajo y en las políticas públicas. La estatura promedio de una población es el resultado acumulado de todas esas decisiones, individuales y colectivas, a lo largo de generaciones.
Más allá del PIB o de la mortalidad infantil, la estatura promedio de una población es un indicador clave de desarrollo. Este dato, sumado al crecimiento infantil antes de los cinco años, refleja el bienestar humano. El verdadero progreso se mide en los centímetros acumulados en el cuerpo de las personas, año tras año y generación tras generación.
Diez centímetros en cien años. No es solo una medida. Es una política pública que funcionó.
- NCD Risk Factor Collaboration (NCD-RisC). «A century of trends in adult human height.» eLife 2016; 5:e13410. DOI: 10.7554/eLife.13410 ↩︎
- Meisel-Roca, A. & Vega-Acedo, M. «The biological standard of living (and its convergence) in Colombia, 1870-2003.» Economics & Human Biology 5(1) (2007): 100-122. ↩︎
- Bogin, B. et al. «The trend in mean height of Guatemalan women born between 1945 and 1995.» PLOS ONE 17(9) (2022): e0274237. ↩︎
- Secretaría Extraordinaria de Combate à Pobreza e à Fome (SECF), Brasil. Estudio de impacto nutricional del Programa Bolsa Família en niños de 0 a 6 años, 2019-2023. Sistema Sisvan, enero 2025. ↩︎
- Challú, A.E. & Silva-Castañeda, L. «Towards an anthropometric history of Latin America in the second half of the twentieth century.» Economics & Human Biology 23 (2016): 226-234. ↩︎
- Grossman, M. «The Demand for Health: A Theoretical and Empirical Investigation.» NBER Occasional Paper 119. New York: Columbia University Press, 1972. ↩︎
- Center on Budget and Policy Priorities. «Introduction to Puerto Rico’s Nutrition Assistance Program.» Washington DC, 2020. ↩︎

Muy interesante. Datos desconocidos por mi. Excelente artículo. Felicitaciones
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Excelente tema y me gustó el enfoque y visión integral que se incluyó en las conclusiones de la presentación. Impresionante la dimensión de los trabajo realizado. y destaco la importancia de la estadística en todos los campos de estudio.
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